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HALLOWEEN 2, EL REGRESO: ¿TRUCO O TIRADA DE TRASTOS?

Vuelve Halloween y con él las historias de amor, desenfreno y disfraces de Aliexpress. Una chica nos cuenta su experiencia.

No sé qué tenéis con Halloween, criaturas, pero está claro que cuando sacáis el disfraz del armario también desempolváis vuestra libido. ¡Y eso me encanta! Si el año pasado ya tuvimos una historia de amor terrorífica, la de este año tampoco se queda atrás.

Querida Doctora Calabaza:

El pasado Halloween se me fue de las manos. Iba yo disfrazada de cubata en una fiesta de la amiga del amigo de una prima de un amigo jugando a un juego de mi invención llamado “truco o tirada de trastos” en el que me acerco a la gente y les ofrezco un chupito si le meten ficha a alguien y salen victoriosos. Llámame cupido de la noche de muertos. Iba yo feliz repartiendo amor cuando me tocaron la espalda. Era un chico vestido de batacazo. Me dijo que quería jugar, así que le expliqué las reglas y cuando terminó me miró fijamente a los ojos y me tiró los tejos a mí. Total, que mi cubo y su cazo se chocaron mientras nos dábamos un muerdo. El caso es que yo creo que la noche me confundió porque a la mañana siguiente me sentía muy culpable y no quería verle ni en pintura, así que llevo desde ese día recibiendo llamadas y mensajes de batacazo y no quiero decirle nada para que no se dé el ídem. ¿Qué hago, doctora?

Atentamente, Cubata de garrafón.

Querida Chupitos de aguarrás:

No se me ocurre nada más apropiado que hacer ghosting en Halloween, si no fuera porque es una práctica muy fea. La gente se equivoca y/o cambia de opinión. No pasa nada, somos seres humanos a los que nos dan calores y dejamos de pensar con la cabeza. Pero alguien con quien has compartido saliva se merece una respuesta, aunque sea negativa. No digo que le sueltes un “contigo no, bicho”, pero un “lo siento, me he equivocado, no volverá a pasar” estaría bien (así remarcas la idea de que fue una y no más, Santo Tomás). Sé que a veces cuesta dar calabazas, pero dadme, porque ¡las calabazas somos necesarias!

Un saludo, Doctora Calabaza.